LA CASCADA
Iba caminando por un sendero de Andorra que llevaba hacia una cascada. Eran las doce del mediodía, y nuestro gran conocido astro naranja estaba encajado en el cielo de tal manera que hacía que saliese humo de mi cabeza .Paré a ponerme una gorra y seguí caminando. Según iba pasando flechas que indicaban el camino, iba escuchando el suave susurro de esa cascada .Iba paseando cuando vi un cartel que decía: FIN DE LA RUTA.SUBA ESAS PIEDRAS DE LA IZQUIERDA PARA VER LA CASCADA.
Subí aquellas piedras y por fin vi la cascada. Era como si el agua en persona te pidiera que la acariciaras con tus manos. Divisé una roca en dónde sentarme a escuchar lo que el agua se dignaba a contarme. Me levanté de la roca y observé las plantas que había en el agua. Poco a poco, fui introduciendo con suavidad mi mano en aquel agua cristalina .Hice un cuenco con las manos y me mojé la cara. Pegué un saltito y llegué a la segunda parte de la cascada. Observé cómo el agua caía y seguía su curso. Me quedé allí un rato observando aquel bellísimo espectáculo. Se me hizo un poco y regresé al punto de partida. Ésta ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.
Trabajo realizado por: Laura de 6º de primaria
