EL ATARDECER
Iba por el paseo marítimo y vi un sitio iluminado por los claros rayos de sol; me senté en la cálida arena de la playa y me puse a contemplar la bella puesta de sol.
Todavía se divisaba la gran esfera en forma circular, como una luna llena; hubo un momento en el que una diminuta parte del sol se fundía lentamente en el colorido océano.
Los rayos de sol centelleaban como mil diamantes sobre el agua.
No sólo el agua y el cielo cambiaban de colores; también lo hacía la arena; cada vez que el sol se escondía entre las gigantescas y coloridas olas, la arena iba cobrando tonos rojizos.
Cuando sólo quedaba la mitad del sol por encima del mar, iban saliendo pequeños cangrejos de la arena y se sumergían entre las olas de la inmensa orilla para buscar alimento.
A lo lejos los delfines iban haciendo acrobacias y saltando unos por encima de otros. Y así fueron pasando las horas; el cielo iba oscureciendo.
Poco a poco, las farolas del paseo marítimo y las del puerto se iban encendiendo.
Para mí esa tarde fue mágica.
Irene. Alumna de 6º de primaria
