ATARDECER
Era una bonita tarde de verano en la que estaba paseando, y vi una apetecible roca en medio de aquel inmensísimo terreno que parecía interminable. Me senté y vi como el sol se ocultaba entre las dos grandes colinas que se levantaban a mis pies. Vi cómo aquel imprescindible sol que antes se alzaba en el cielo se escondía entre las colinas y nos daba las buenas noches para despertar un nuevo día en otra parte del mundo. Observé los colores del sol reflejándose en las colinas cómo si el sol se estuviera despidiendo de ellas y que les diera un beso de buenas noches. A cambio, ellas cada día reflejarían todas sus maravillas para que todo el mundo presente pudiera observar aquellos fenómenos solares. Era un ritual que pasaba día a día, y que muy pocos se quedaban observando. Vi el último rayo de sol que parecía el brazo de la gran esfera amarilla que decía adiós con la mano. Y se acabó. En el cielo empezaron a brillar los luceros y las estrellas y me volví a mi casa. Había observado el espectáculo más bonito que puede haber en este mundo.
Alumna de 6º-Primaria
